Publicidad:
Terra
La Coctelera

Todo bajo control

La familia a lo largo de la historia ha ido cambiando. A veces se repiten esquemas durante muchas generaciones y en otras épocas se producen cambios que luego serán aceptados por la mayoría. Ya no resulta rara una familia donde los tuyos los míos y los nuestros convivenbajo el mismo techo.Tampoco rsulta una anormalidad los distintos roles a los cuales fueron sometidoss sus miembros producto de factores socioeconómicos.
Esto lo pienso en el marco de una pareja que perdura a pesar de los avatares de la vida y también en el papel que juega la mujer en todo esto.
Mi madre tenía una sentencia que reptía hasta el cansancio a las jovencitas en edad de merecer:_ "Nena , hacete la tonta. No le demuestres a él que vos sabés de todo. A los hombres les gusta sentirse superiores".
Yo no sé si les gusta pero sí que hay ciertas cosas que no quieren acceder a compartir porque son de ellos por orden casi divino.
Hace muchos años fue la educación.El nivel profesional estaba vedado a las mujeres y muchas señoras asumieron con gran dedicación ser las secretarias del esposo doctor.
Más adelante el tema de conflicto fue el automóvil ¿Cómo una mujer podía manejar si su tarea era lavar los platos?
La independencia conómica femenina siempre fue "un aporte generoso" a las arcas del hogar y las salidas o vacaciones sin sus maridos era casi una locura. Pensemos en algún pasatiempo similar a la pesca o charla de café masculino que distraiga a las mujeres. Para los mayores de cuarenta esto es posible sólo en alguna neurona de vanguardia y el entretenimiento femenino bien mirado es algún curso de reciclaje por TV.
El poder sigue estando en manos masculinas a causa de concesiones femeninas.Quizás algunas aplicamos pícaramente le consejo de mi madre y por eso sobreviven las familias " bien constituidas".
Hoy ya poco le queda al hombre como signo de poder casero: el auto, el dinero, la parrilla, fueron cediendo terreno pero todavía hay algo que intentan conservar como propio: EL CONTROL REMOTO.
Ese aparetejo, parecido a un teléfono celular, que se pierde a menudo porque a nadie se le ocurrió otro color que el negro, es una especie de objeto transacional (como un osito de peluche) que nuestros maridos acarician todo el tiempo. No lo sueltan más que para tomar los cubiertos y con sus zapping nos conceden la mirada de un programa televisivo compuesto por pedazos de noticieros,partidos de fútbol,películas y publicidades.Esto nos produce junto con l ajetreo de la cena o la limpieza de la cocina una especie de conmoción , felizmente pasajera, por medio de la cual podemos construir historias desopilantes donde intervienen un director técnico, la señora que quiere que le devuelvan la plata,Homero Simson, un cartonero y la chica de buenas lolas.
Cuando al fin en esa especie de fiesta íntima, nos vamos a la cama a ver la tele, muy a pesar nuestro el control remoto sigue siendo de ellos.No hay nada más difícil que intentar sacárselo cuando se ha quedado dormido.Su cabeza inclinada, sus ojos cerrados, su boca semiabierta, su cuerpo desparramado con un brazotendido hacia el suelo pero el otro.... apoyado sobre la panza sosteniendo con firmeza en su mano elúnico poder que todavía ostenta. Basta tocarlo con suavidad para que dé un salto, se incorpore como un tigre y defienda en medio de frases incoherentes su adorado aparatito.
Pero si las sabias palabras de mi madre nos han dado resultado es porque detrás de ellas hay unas ganas formidables de vivir en paz.
¿Qué importa si se sienten superiores por manejar el único juguete por el cual podamos pelear?

La primera vez

Recuerdo la primera vez.
Nos habíamos visto antes muchas veces pero yo no me animaba a encarar la situación. Quería estar a solas con vos, acariciarte, pero de solo pensarlo mis manos se paralizaban y mi corazón se agitaba como loco. Ese día tomé coraje.Pensé mientras iba a tu encuentro que cualquiera puede hacerlo si realmente lo desea. Que muchas personas habrían pasado por lo mismo y que al fin y al cabos si mi elección era equivocada ya era hora de aceptar mis errores.
Me preparé para la ocasión. Preferí vestirme con una ropa sencilla, casi de entrecasa para pasar desapercibida. No quería llamar la atención pero para colmo justo cuando estaba por llegar a la cita me encontré con innumerables conocidos.Disimulé y me escabullí mirando vidrieras y cuando vi de reojo que se habían dispersado regresé al lugar.
Estabas solo.Te miré buscando una palabra pero vos sos parco y no sé si por cansancio o por aburrimiento te dejaste acariciar en silencio.
Sentí que mis manos transpiraban, que en mi cabeza daban vueltas miles de recomendaciones de mi amiga Marita ( cuidado que no todos son como vos pensás, a ver si te metés con uno que te deja mal parada, mejor que nadie te vea) y otros consejos que ahora no recuerdo.Creo que sentí ganas de vomitar pero me contuve.Ya estaba jugada. Respiré hondo.Te apoyé mis manos temblorosas como para sorprenderte y mis dedos empezaron a bailotear de aquí para allá. De pronto reaccionaste y te escuché por primera vez. Un monótono quejido mientras te sacudías con incesantes movimientos espasmódicos me asustó terriblement.Te miré fijo´,levanté la vista, busqué de donde sostenerte y pensé que te morías.
Por fin terminó todo.
Me diste el dinero y lo guardé rápidamente en el escote del vestido. Salí con la cabeza erguida y saludé sonriente a los conocidos de la cola. Estaba orgullosa,lo había logrado.
Desde entonces nuestros encuentros son cada vez más fugaces. Te conozco cada día más. A veces te amo profundamente y otras te odio con todo mi corazón.Lo que más me pone loca es cuando me decís que momentáneamente estás fuera de servicio.
No creo que te abandone nunca pero seguramente, si te hacés el exquisito ,voy a engañarte con el primero que se me cruce en la vereda.